En mi ciudad, el Grand Ideas Garden y la cárcel del condado están uno al lado del otro. A mi amiga Joann le encantaban ambos lugares: sentarse en el jardín, pensando en la bondad de Dios y su amor a Él por todo lo que había hecho en ella, y contarles a las mujeres en la cárcel cómo el Señor había liberado su vida después de muchas malas decisiones y de estar lejos de Él. A menudo, me hablaba de su pasión: su sueño de que todas las mujeres allí algún día entendieran y experimentaran personalmente el amor de Dios.

El salmista les pidió a los israelitas que dijeran cómo Dios los había redimido de sus enemigos (Salmo 107:2). Habían andado «perdidos por el desierto, por la soledad sin camino […]. Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos» (vv. 4-5). A veces, se rebelaban contra Dios y Él los disciplinaba (vv. 10-12). Pero cada vez que «clamaron al Señor en su angustia, [Él] los libró de sus aflicciones» (v. 6). Tenían mucho por lo cual dar gracias a Dios y contarles a los demás. Como los israelitas, nosotros también podemos descubrir que su amor nunca nos abandona.

También podemos aprovechar oportunidades para «[considerar] las bondades del Señor» hacia nosotros (v. 43 lbla), darle gracias y contar nuestra historia de cómo nos rescató.

De:  Anne Cetas

Reflexiona y ora
¿Qué ha hecho Dios por tipara transformar tu vida? ¿A quiénpuedes contarle tu historia?
Dios, dame las palabraspara hablar de lo que hiciste por mí.