La falta de visión espiritual puede opacar nuestro resplandor y hacernos perder bendiciones. A veces pensamos que debemos ver con claridad lo que el Señor hará antes de cooperar con Él. No obstante, estamos llamados a ser embajadores fieles, confiando en que su Espíritu obrará en los corazones de las personas.
Como creyentes, todos somos especiales: somos “hechura” de Dios, como dice Efesios 2.10. Pertenecemos a su familia y en nosotros habita el Espíritu Santo; su luz brilla a través de nosotros. Por eso, nuestra vida tiene un potencial inimaginable. No podemos imaginar todo lo que el Señor puede hacer cuando estamos dispuestos a reflejar la luz de su amor.
Si su oración es: “Padre, haz lo que quieras con mi vida”, puede estar seguro de que Él le revelará el siguiente paso. Dios está dispuesto y listo para obrar en la vida de cualquier persona que elija estar disponible para Él.
BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 49-50



