Mateo 25.34-40

Deténgase un momento y considere el propósito de su vida. ¿Está viviendo para perseguir sus propios intereses o el éxito? ¿Gasta su energía solo en lo que le trae comodidad o seguridad? Quizás su ambición sea mejorar el mundo.

Todos estos objetivos, incluso el último, que suena desinteresado, carecen de valor duradero si el objetivo subyacente no es servir a Cristo. Como seguidores de Cristo, debemos modelar nuestra vida según la suya. Mateo 20.28 nos recuerda que Él “no vino para ser servido, sino para servir”.

Sin embargo, a veces nos sentimos abrumados al oír sobre las grandes obras de otros creyentes. Con Dios de su lado, David dirigió ejércitos. ¿Cómo podría algo que hagamos compararse con eso?

El llamado de Dios para cada persona es único. Él proveerá la situación, las palabras y la capacidad para cumplir lo que desea. El Señor cambia todo, y somos bendecidos al ser usados por Él, aunque nuestra parte parezca pequeña (Jn 6.9-12).

¿Está demostrando su amor por el Padre al servir a los demás? Como cristianos, debemos vivir de modo que cada noche podamos decir: “Señor, de la mejor manera que supe, traté de servirte el día de hoy”.

BIBLIA EN UN AÑO: 1 SAMUEL 4-6