Cuando las escuelas de todo el mundo enviaron a sus estudiantes a casa durante la pandemia de coronavirus, sus edificios y estadios quedaron vacíos. Si bien reconocían que muchos estaban sufriendo aflicciones mayores debido al virus, los maestros buscaron formas de demostrar a sus alumnos que los extrañaban y alentarlos a seguir adelante en tiempos difíciles. Muchas escuelas iniciaron lo que llamaron el desafío «Sé la luz», en el cual encendían las luces del estadio vacío cada noche.

Durante su vida terrenal, Jesús lanzó su propio desafío «sé la luz», diciendo que quienes lo seguimos debemos hacer que «[alumbre nuestra] luz delante de los hombres» (Mateo 5:16). Su comisión tenía un objetivo más elevado que el aliento o el apoyo moral: nuestra disposición a reflejar la luz que Él ha puesto en nosotros muestra al mundo quién es Dios. La forma en que vivimos, tanto en palabra como en acciones, revela a todos los que nos rodean la esperanza que Jesús nos da, como una lámpara en lo alto.

Jesús nos llama «la luz del mundo» y nos desafía a iluminar los caminos de otros con su luz cuando atraviesan senderos oscuros. Para los que aún no conocen la esperanza que ofrece Jesús, compartir su luz a través de nuestra vida puede guiarlos hacia Dios como la fuente de toda esperanza.

De:  Kirsten Holmberg

Reflexiona y ora

¿En quién ves la luz de Jesús?¿Cómo puedes iluminar la vida de otros?
Jesús, que muestretu luz con mi vida.