Cuando me fracturé el brazo, mi amigo Rex me sorprendió enviándome un paquete solidario con sopas y un hermoso cucharón plateado. Me conmovió profundamente y conservé el cucharón mucho después de haber consumido la sopa. Mi brazo ya sanó y el querido Rex ha fallecido, pero su gesto de amor sigue expresando el amor de Dios hacia mí. Cada vez que tomo el cucharón, doy gracias a Dios por su amor manifestado a través de mi amigo.
Jesús nos dio un regalo tangible en la celebración de la Cena del Señor para ayudarnos a recordar su amor incomparable hacia nosotros (Lucas 22:19). El apóstol Pablo les recordó a los corintios cómo Jesús partió el pan, diciendo: «esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí» (1 Corintios 11:24). Luego tomó la copa y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí» (v. 25). El generoso amor de Dios se recuerda una y otra vez cuando los creyentes en Cristo participamos de estos símbolos.
Rex mostró su amor con el regalo tangible de un paquete solidario, dejando un cucharón que me lo recuerda. Jesús nos amó con el regalo transformador de su cuerpo sacrificado en la cruz por nuestros pecados. Nos dejó la Cena del Señor para recordarnos su amor inmutable.



