Nuestras vidas son así. Si nos fijamos metas, nuestras decisiones y nuestros pensamientos tal vez nos llevarán hacia el fin deseado. Las metas son cruciales para tener una vida plena.
Piense en las muchas cosas que Cristo hizo. Sirvió a los demás y enseñó a quienes buscaban justicia. Pero más que eso, el propósito principal de nuestro Salvador, establecido incluso antes de que comenzara el tiempo, fue entregar su vida para reconciliar a la humanidad con el Padre celestial y darle gloria.
Fuimos creados para entregar nuestra vida a Dios y ser fructíferos en su servicio. Imagínese lo que pudiéramos lograr si mantuviéramos nuestros ojos en el Señor y dependiéramos de Él para determinar nuestras metas. Cada día pregúntele a Dios: “¿Qué quieres lograr a través de mí?” y deje que Él determine su enfoque y sus prioridades (Sal 119.105). Con el tiempo, podrá ver cómo mantener su mirada en Él lo cambia todo.
BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 1-3



