El pasaje de hoy nos dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres… porque a Cristo el Señor servís”.
Ver nuestro trabajo como una extensión de nuestro servicio al Señor cambia nuestra actitud. Agradarle nos motiva a dar lo mejor de nosotros, generando satisfacción y gratitud (Col 3.17). Aunque el trabajo sea desafiante, frustrante o aburrido, podemos experimentar paz en cualquier circunstancia.
Un espíritu servicial también puede influir en otros empleados. Cuando servimos con amabilidad, gracia y humildad, llamamos la atención de nuestros compañeros, lo que abre oportunidades para ministrar a quienes compartimos diariamente.
Las recompensas de un servicio entusiasta en el trabajo pueden ser diversas: mayor satisfacción personal, oportunidades para reflejar a Cristo y la alegría de saber que agradamos a nuestro Padre con nuestros esfuerzos.
BIBLIA EN UN AÑO: ÉXODO 31-33



