Como cristianos, somos bendecidos al tener un Padre celestial omnisciente y poderoso que nos da a conocer muchas cosas. En cada situación, el mejor curso de acción es claro para Él, y promete: “Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Sal 32.8).

Veamos cómo discernir la voluntad de Dios en una encrucijada. Primero, asegurémonos de haber confesado y arrepentido todo pecado conocido. Luego, pidamos dirección y leamos la Biblia con un corazón abierto, deseosos de aprender de Dios. Finalmente, recurramos al Espíritu Santo, el maravilloso regalo que nuestro Padre nos ha dado (Lc 11.13). Él nos guía y nos muestra la verdad mientras leemos la Palabra y oramos. Debemos escuchar con paciencia, pues su dirección muchas veces llega en silencio a nuestro espíritu mientras pasamos tiempo con Dios.

Al pedirle al Señor que nos revele su voluntad, no debemos esperar respuestas instantáneas. La disciplina de esperar forma el carácter, y además, apresurar el proceso puede llevarnos por un camino que no es el mejor para nosotros. Tómese el tiempo necesario para buscar el plan del Señor para su vida, recordando que Él le proveerá todo lo necesario para que lo siga.

BIBLIA EN UN AÑO: ÉXODO 7-9