En una entrevista de trabajo, a Carol le preguntaron repetidamente: «¿Por qué dejaste tu empleo anterior?». El entrevistador intuía el conflicto con su antiguo jefe y quería saber qué había sucedido.
Aunque reconoció «diferencias en el estilo de trabajo», Carol rehusó compartir su opinión sobre su exjefe, creyendo que sería incorrecto hablar mal de él. Más tarde, después de ser contratada, su nuevo jefe le reveló que al personal de contratación le había gustado su respuesta: «Nos impresionó tu integridad. No querríamos que hablaras mal de tu jefe ni de nosotros en el futuro».
Como nueva creyente en Jesús, Carol siempre se había preguntado cómo vivir de manera «piadosa» y «correcta». Se dio cuenta de que la respuesta podía ser sencilla: mostrar integridad, y ser noble, honesta y ética.
En 1 Pedro 2:12 se señala la importancia de la integridad en todo: «manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que […] glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras». Esto incluye cosas prácticas como someterse a las autoridades legítimas (vv. 13-14), hacer el bien (v. 15), mostrar una actitud de humildad y servicio (v. 16), y respetar y amar a los demás (v. 17). Con la ayuda de Dios, sirvámosle de una manera que honre su nombre.



