Julio ya era grande cuando escuchó por primera vez el cuento sobre el niño y la mariposa. Enseguida comprendió la enseñanza sobre la fortaleza que surge de la lucha. En la historia, a un niño le dan un capullo de mariposa y le dicen que no lo abra. Pero mientras el capullo se retuerce en su mano, no puede resistir la tentación de cortarlo y permitir que la mariposa escape. Pero, al ser liberada sin esfuerzo, cae y muere sin haber podido volar. «¿Qué pasó?», grita el niño. Julio entendió de inmediato: el niño impidió que la mariposa ejercitara los músculos que necesitaba para fortalecerse y volar.

La historia puede ser una fábula, pero confirma una alentadora verdad bíblica que Pablo enseñó a los creyentes en Jesús perseguidos en Roma: «nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Romanos 5:3-4).

Pablo no decía que celebráramos el dolor. En cambio, afirmaba que Dios usa las dificultades de la vida para forjar nuestro carácter y esperanza en Él.

Es en su fuerza que Dios desarrolla nuestra confianza en su victoria. A la mariposa se le impidió fortalecerse para volar. Pero en Cristo, podemos regocijarnos: las luchas nos fortalecen en Dios, nuestro libertador.

De:  Patricia Raybon

Reflexiona y ora
¿Qué actitud tienes respecto a las luchas?¿Cómo han aumentado estas tu confianza en Dios?
Jesús, gracias pordesarrollar mi confianza en ti.