Muchos de nosotros hemos sido bendecidos con muy buenos amigos. Imagínese que nunca pasáramos tiempo con esas personas especiales, solo pensáramos y habláramos de lo maravillosas que son. Sería extraño, ¿verdad? Así les sucede a algunos cristianos: saben mucho sobre Dios, pero pierden la oportunidad de disfrutar una verdadera comunión con su Padre celestial, nuestro mejor amigo.

Es posible llenar nuestra vida con información y actividades espirituales —todas buenas— pero fallan en desarrollar una relación cercana con Dios. La Biblia habla de muchas personas cuyo encuentro personal con Él fue vigorizante y cambió sus vidas. Noé, Abraham, Moisés, Gedeón, la mujer samaritana y Pablo son algunos de quienes hablaron con Él personalmente (Gn 7.4Gn 12.2Ex 3.2Jue 6.12Jn 4.1-42Hch 9.3-6). Hoy en día no esperamos experiencias dramáticas como la “zarza ardiente”, pero todos los creyentes deberíamos tener momentos preciosos e íntimos con Dios. Cada vez que abrimos su Palabra y pedimos al Espíritu Santo que nos enseñe, podemos escuchar directamente a nuestro Creador.

Santiago 4.8 nos dice: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros”. Caminar cerca del Señor requiere compromiso y tiempo; esto es esencial si queremos crecer en semejanza a Cristo.

BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 46-48