Si no enfrentamos nuestras debilidades, pueden traer problemas a nuestra vida. Nuestras vulnerabilidades pueden acercarnos a Dios o alejarnos de su amor, como muestran dos historias del Antiguo Testamento.

José y Sansón enfrentaron tentaciones similares, pero reaccionaron de manera diferente. Día tras día, la esposa de Potifar intentó seducir a José, pero él la rechazó (Gn 39.7-9). Sufrió por su decisión, pero al final, el siervo de Dios recibió bendiciones sin medida. Sansón, en cambio, cedió voluntariamente a Dalila (Jue 16.15-17) y experimentó algo muy diferente.

Sansón había sido consagrado a Dios, y el Espíritu Santo se movía en su vida (Jue 13.24, 25). Sin embargo, eligió el camino de la autocomplacencia. Debido a que Sansón justificó su debilidad, esta pronto comenzó a dominar su vida. Cambió la bendición de Dios y la fuerza sobrenatural por los placeres terrenales.

Cuando enfrentamos la tentación, podemos actuar como José o seguir un camino similar al de Sansón. La decisión es nuestra. En momentos de debilidad, es esencial depender de Dios, obedecerlo y buscar las fuerzas para tomar buenas decisiones —decisiones que honren a Dios y nos acerquen más a Él.

BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 36-38