Un grupo de veintidós líderes cristianos viajó medio día para reunirse en secreto y aprender de un pastor que venía de otro país. Si los descubrían, el pastor sería deportado y ellos pasarían tres años en prisión. Dieciocho ya habían estado encarcelados por su fe en Jesús.

Después de que el pastor repartiera quince Biblias que había llevado, una mujer le dio la suya a otra persona. Había memorizado capítulos de la Escritura para tenerla guardada en su corazón si alguna vez la encarcelaban. Luego le pidió al pastor que orara para que su iglesia tuviera libertad de reunirse como la de él. Pero, maravillado ante el sacrificio, la persecución y el riesgo de ir a la cárcel, oró para que su iglesia fuera como la de ellos.

Creyentes alrededor del mundo son perseguidos por su fe en Cristo; algunos con mayor severidad que otros. Y todos podemos ser tentados a acobardarnos cuando el precio de seguir a Cristo aumenta. Pero el Espíritu Santo nos llena «de poder, de amor y de dominio propio» (2 Timoteo 1:7), para ayudarnos a compartir el evangelio con valentía y compasión, dondequiera que Él nos guíe. Por todo lo que hizo por nosotros (vv. 9-10), podemos aceptar el costo del compromiso con Dios y preservar «las sanas palabras […] en la fe y amor que es en Cristo Jesús» (v. 13).

De:  Xochitl Dixon

Reflexiona y ora
¿Cómo te has sacrificado parabuscar a Jesús y testificar de Él? ¿Con quiéncompartirás el evangelio hoy?
Dios, dame valor para testificar de ti.