Elías había roto accidentalmente un billete de diez dólares mientras jugaba con sus amigos. Pero en lugar de reprenderlo, su padre le ofreció cambiarlo por uno nuevo de su billetera.

«¿Por qué harías eso?», preguntó Elías, confundido. «Por una razón: eres mi hijo —explicó su padre—. También es un recordatorio de lo que Jesús hizo por nosotros. Vino y dio su vida en intercambio por la nuestra, y ahora podemos vivir una vida nueva».

Cada vida humana es valiosa para Dios porque Él nos creó. Pero nuestra naturaleza pecaminosa —«el cuerpo del pecado» (Romanos 6:6)— nos impide vivir una vida digna de su santidad. Por eso, en su gran amor por nosotros, entregó voluntariamente a su Hijo para pagar el precio de nuestro pecado. Cuando aceptamos la oferta de Dios de una vida nueva, podemos estar seguros de que, aunque nuestra antigua naturaleza estaba «[viciada] conforme a los deseos engañosos» (Efesios 4:22), ahora estamos siendo perfeccionados «según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (v. 24).

El padre de Elías estaba dispuesto a ofrecerle algo suyo porque lo ama. Pero la mejor oferta es la de Dios: la redención de nuestras almas. Cuando la aceptamos, ya no somos los mismos de antes.

De:  Jasmine Goh

Reflexiona y ora

¿Cómo era tu vida antes de recibir a Jesús como tu redentor? ¿Cómo la describirías ahora?
Dios, gracias por ofrecerme vida nueva, la liberación de mi pecado, por la fe en Cristo.