El libro de Jueces habla de Sansón, un hombre tan poderoso que podía matar a un león con sus propias manos (Jue 14.5, 6). Poseía una fuerza física que ningún ser humano podía igualar. Pero esto no pudo compensar una debilidad interior.

Todos tenemos áreas de vulnerabilidad. Dios quiere que estas debilidades nos enseñen cuán dependientes somos de Él. Abordarlas con la sabiduría y la guía del Señor nos llevará a una relación más profunda e íntima con Él.

El problema de Sansón era la lujuria. A pesar de su crianza devota y su llamado divino, cedió a sus deseos, interesándose primero por una mujer filistea y luego por Dalila. Aunque sabía de sus intenciones traicioneras, se entregó completamente a ella y pecó.

Antes de morir, Sansón lo perdió todo: su fuerza, su vista y su honor. El hombre que una vez lideró poderosamente a su país se convirtió en esclavo de sus enemigos hasta que Dios lo fortaleció por última vez (Jue 16.25-30).

Una inclinación hacia cierto pecado puede arruinar nuestra vida o llevarnos a una total dependencia de Dios. ¡Qué bendición saber que Él siempre nos ayudará cuando confiamos en su guía!

BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 32-35