Todos tenemos áreas de vulnerabilidad. Dios quiere que estas debilidades nos enseñen cuán dependientes somos de Él. Abordarlas con la sabiduría y la guía del Señor nos llevará a una relación más profunda e íntima con Él.
El problema de Sansón era la lujuria. A pesar de su crianza devota y su llamado divino, cedió a sus deseos, interesándose primero por una mujer filistea y luego por Dalila. Aunque sabía de sus intenciones traicioneras, se entregó completamente a ella y pecó.
Antes de morir, Sansón lo perdió todo: su fuerza, su vista y su honor. El hombre que una vez lideró poderosamente a su país se convirtió en esclavo de sus enemigos hasta que Dios lo fortaleció por última vez (Jue 16.25-30).
Una inclinación hacia cierto pecado puede arruinar nuestra vida o llevarnos a una total dependencia de Dios. ¡Qué bendición saber que Él siempre nos ayudará cuando confiamos en su guía!
BIBLIA EN UN AÑO: GÉNESIS 32-35



