Sacamos el mayor provecho de nuestro trabajo cuando nos vemos como siervos del Señor. En cuanto a nuestra actitud hacia el trabajo, aquí está el principio enseñado en la Palabra de Dios: “Obedezcan en todo a sus amos terrenales” (Col 3.22 NVI). La obediencia bíblica no es solo una apariencia externa con quejas internas y resentimiento. Más bien, es un compromiso genuino con el bienestar de los demás.
Los hijos de Dios estamos llamados a ser sus siervos (Ef 6.7), y gran parte de nuestro servicio se da en el trabajo. Como empleados, debemos aplicar principios bíblicos de obediencia y sacrificio, recordando que, aunque tengamos un jefe humano, el Señor es la autoridad suprema que supervisa nuestras acciones. Él desea vernos practicando la justicia en el trabajo y en toda nuestra vida.
BIBLIA EN UN AÑO: ÉXODO 28-30



