Un equipo de construcción en Florida, Estados Unidos, que trabajaba en un proyecto de drenaje, desenterró un tesoro valioso: un barco de pesca bien conservado del siglo xix, que contenía artefactos interesantes, incluidas parte de una lámpara de querosén, tazas hechas con cáscaras de coco y monedas. El barco se está estudiando con la esperanza de que proporcione detalles sobre cómo era la vida en esa región hace más de cien años. «No es solo la embarcación en sí. Es un recordatorio de gente común», dijo un arqueólogo marítimo. Al cavar profundamente, se obtuvo conocimiento y sabiduría.
Eclesiastés contiene grandes tesoros de sabiduría sobre acontecimientos comunes de aquella época y de ahora. Salomón revela que «el corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio […] para todo» (Eclesiastés 8:5-6); que la sabiduría está en recordar «todas las obras de Dios» (v. 17) y quién es Él (12:1). Solo Dios da significado a la vida que, fuera de Él, «es vanidad» (8:14). Su sabiduría nos permite experimentar una vida de gozo y satisfacción en su presencia (v. 15).
Eclesiastés revela que la gente va y viene (1:4), como demostró aquel barco desenterrado, pero la sabiduría de Dios lleva a una vida y propósitos reales y duraderos (Juan 10:10). Profundicemos en las Escrituras para descubrirla.