Cuando el profesor Peter Turchi ve un mapa, busca la aventura que contiene. «Pedir un mapa —afirma— es decir: “Cuéntame una historia”». Me aferré a esa idea cuando me preparaba para enseñar una clase de escuela dominical en Navidad sobre la fe de los sabios. Descubrí que los magos viajaron unos 1.450 kilómetros para encontrar al niño Cristo. No hallaron a un recién nacido en un pesebre, sino a un niño que vivía con sus padres en una casa. ¿Cómo reaccionaron después de un viaje tan largo? «Postrándose, lo adoraron» (Mateo 2:11).

Su travesía nos invitó a mí y a mis alumnos a buscar a Cristo más profundamente. La Escritura dice que cuando los magos llegaron a Jerusalén, preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle» (v. 2).

Ni la distancia, ni el peligro ni los retrasos impidieron su adoración. La exigencia mortífera de Herodes fue irónica: «id allá y averiguad con diligencia acerca del niño» (v. 8). Nadie había averiguado sobre Jesús con más diligencia que los magos.

Podemos seguir su ejemplo buscando a Cristo con la misma dedicación. Y entonces, al adorarlo, esperar que nuestro Padre celestial nos hable al corazón y nos guíe a dejar los caminos antiguos y llevarnos a nuevas sendas con Él.

De:  Patricia Raybon

Reflexiona y ora

¿Cómo puedes buscar a Cristo este nuevo año?¿Cómo puedes adorarlo?
Padre, ayúdame a buscara tu Hijo Jesús.