Las bendiciones que recibimos de Dios no están destinadas a terminar en nosotros; Él desea que lleguen a los demás. Esto incluye todas las áreas de la vida, incluso nuestras finanzas. ¿Sabía que nuestro Padre celestial tiene planes para nuestro dinero?
El Señor nos provee generosamente para suplir nuestras necesidades e incluso algunos deseos, pero también espera que usemos nuestros recursos para cumplir sus propósitos, especialmente compartiéndolos con otros.
Como nos recuerda 2 Corintios 9.8: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”. Este versículo nos asegura que compartir no nos llevará a la carencia. De hecho, Dios promete aumentar la cosecha de nuestra justicia y enriquecernos en respuesta a nuestra generosidad (Lc 6.38). En otras palabras, jamás podremos superar a Dios en generosidad.
Una bendición acumulada nunca se disfruta tanto como una compartida. Usar lo recibido para suplir la necesidad de alguien más glorifica al Señor, al demostrar su gracia obrando en nuestra vida. No deje que sus provisiones se detengan en usted; compártalas y descubra el gozo de bendecir sin cesar.
BIBLIA EN UN AÑO: JUECES 20-21



