Luego de relatar la creación de los cielos y la tierra, la Biblia registra la creación del hombre y la mujer. Génesis también relata la caída en pecado del hombre y la mujer y sus funestas consecuencias tanto para ellos como para sus descendientes y la creación en general. Adán y Eva fueron los precursores de una raza hundida en el pecado. La gente se multiplicó y también se multiplicó la maldad sobre la tierra. Dios por tanto envió el diluvio como juicio a los pecadores, no sin antes advertir e invitar a los que querían salvarse del juicio del diluvio. Solamente ocho personas entraron al arca construida por Noé para librarse de las aguas del diluvio. Noé y su esposa, y los tres hijos de Noé y sus respectivas esposas. A partir de ellos comenzó a repoblarse la tierra. Habrán transcurrido al menos un par de siglos hasta que aparece la referencia de Génesis 11:1 donde dice: “Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras” El hecho que todos los habitantes de la tierra hablen un mismo idioma es explicable por cuanto todos los habitantes de la tierra eran descendientes de Noé. Pero triste y lamentablemente, además de tener una misma lengua, todos los habitantes de la tierra estaban también unidos en un mismo propósito. Querían de cualquier modo llegar al cielo por ellos mismos. Estaban tan enceguecidos por este deseo que se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego y edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo. Todo esto fue tomado muy en cuenta por Jehová. Fue entonces cuando Jehová dijo lo que aparece en Génesis 11:6 donde leemos: “Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.” Cuando se trata de hacer algo malo, siempre se encontrará gente dispuesta a unirse a ese esfuerzo. El pueblo estaba unido en el propósito de hacer esa torre que llegue hasta el cielo. Lo malo está en pretender llegar al cielo por mérito propio. Dios sabe que esta empresa está condenada al fracaso, por eso Dios busca la forma de evitar que el hombre siga en su loco esfuerzo de hacer algo imposible. Dios quería hacer un favor al hombre al impedir que siga gastando tiempo, materiales y energía en algo inútil. Dios normalmente frustra nuestros esfuerzos porque él sabe de antemano que no nos van a llevar a nada bueno. Por eso fue que Dios descendió y confundió la lengua del pueblo para que ninguno entienda el habla de su compañero. De esta manera se frustró el esfuerzo vano de construir la torre que llegue al cielo. La diversificación de las lenguas y la posterior diseminación de los pueblos conforme sus lenguas fue un castigo de Dios impuesto al orgullo de los humanos. De aquí parten los diferentes idiomas que se hablan en el mundo. La gran pregunta es: ¿Cuál era el idioma que se hablaba antes que Jehová descienda y confunda la lengua del pueblo? La Biblia no provee esta información. Es algo que Dios no lo ha revelado. Pero no importa cuál lengua haya sido, porque a partir de ese momento, esa lengua, cualquiera que haya sido, dejó de ser la única lengua del pueblo.

La segunda consulta de nuestro amigo oyente de Zapotillo, Provincia de Loja, Ecuador dice así: Un amigo me ha hablado acerca de existencia de dos mundos, uno compuesto por los humanos habitando la tierra y otros, compuesto por extraterrestres. Quisiera saber ¿quienes son ellos y por qué la Biblia no revela su existencia?

Bueno, parece que su amigo está dando como un hecho cosas que no son sino meras especulaciones. Me refiero a esto de la existencia de seres extraterrestres. Mucha gente habla sobre eso, mucho se ha escrito sobre eso, y mucho se está investigando sobre eso, pero lo único cierto hasta ahora es que no existe en absoluto prueba concluyente ni para desmentir ni para aceptar la existencia de seres extraterrestres. En cuanto a la Biblia, tenemos un panorama similar. La Biblia simplemente guarda silencio acerca de la existencia de seres extraterrestres. No es prudente usar el argumento del silencio de la Biblia acerca de la existencia de seres extraterrestres, para decir que realmente existen seres extraterrestres o para decir que existe vida inteligente en alguna otra parte del universo. Lo prudente es decir lo que hemos expresado: La Biblia guarda silencio acerca de la existencia de seres extraterrestres o de la existencia de vida inteligente en algún lugar del universo. ¿Por qué? Es su pregunta amigo oyente. Pues simplemente porque Dios en su soberanía no ha querido revelar eso, ni afirmando ni negando. Dios tiene la prerrogativa de revelar lo que él quiere revelar y nadie está a su nivel como para cuestionarlo. Hoy en día se está invirtiendo bastante dinero, tiempo y esfuerzo en detectar indicios de vida inteligente en el universo. Una gran cantidad de antenas parabólicas está escrutando permanentemente el universo para buscar algo que pueda ser atribuible a vida inteligente fuera del planeta tierra, pero hasta ahora, y hasta donde yo sé, esta investigación científica no ha arrojado ningún resultado positivo. Sobre lo que sí habla la Biblia es acerca de la existencia de dos mundos, el uno material, formado por lo que puede ser percibido con los sentidos, y el otro espiritual, formado por todo lo que no puede ser percibido por los sentidos. El mundo espiritual está formado por el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, los ángeles, los espíritus de los seres humanos tanto de los que han partido del mundo material, como de los que todavía están en el mundo material. Dentro del mundo espiritual también están Satanás y sus demonios. Sobre el mundo material y el mundo espiritual, la Biblia contiene abundante información.

Esta consulta nos ha sido hecha por un amigo oyente de Quito, Ecuador. Dice así: Si Dios es un Dios de misericordia y amor, quien gobierna el universo, ¿Por qué permite que haya terremotos, inundaciones y otras desgracias en las cuales se pierden en un instante centenares de vidas?

La respuesta más sencilla a esta consulta es: Porque Dios cree conveniente hacerlo. Si Dios consideró conveniente inundar toda la tierra en el diluvio, y que todos los habitantes, excepto ocho, perezcan en un instante, entonces está en su perfecto derecho de permitir terremotos, inundaciones y cualquier otra desgracia. Todos hemos pecado, todos los hombres merecemos recibir la ira de Dios. Dios ama incluso al más vil de los pecadores y ha diseñado un medio para que pueda ser perdonado y pueda ser librado de la ira de Dios. Todo el que acepta este perdón de Dios, aunque perezca en un terremoto o en una inundación, no pierde nada. Parte para estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor. El que no acepta este perdón de Dios, está rechazando a Dios mismo y si es arrastrado por una inundación o muere en un terremoto, eso es nada con relación a lo que realmente merece, lo cual recibirá con creces una vez que salga de este mundo, conforme a lo que Dios ha dicho en su palabra. Hoy en día, la gente olvida que Dios es Dios, y piensa que Dios está en la obligación de darnos explicaciones de lo que hace, y peor aún, hay gente que piensa que Dios no debe hacer nada sin primero consultarnos. ¿Qué nos creemos? ¿Puede el barro decir al alfarero: No me hagas así? Isaías 55:9 dice: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Así es amigo oyente. El hombre no está en capacidad de comprender todo lo que es Dios. Romanos 11:33-35 dice: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?” Cuando lleguemos a la patria celestial y miremos hacia atrás, y veamos las cosas ya no en la penumbra, oscuramente, sino cara a cara, entonces comprenderemos que las decisiones de Dios que nos habían sido difíciles de entender en esta vida estaban llenas de bondad y misericordia para el hombre. Lo que necesitamos comprender ahora es que Dios en su infinita sabiduría tiene toda la razón para hacer o permitir que se haga todo lo que sucede en el mundo.