La palabra apóstol tiene sus raíces en una palabra griega que literalmente significa un enviado, o un mensajero, o un embajador. Por tanto, cuando se habla de un apóstol de Jesucristo, se debe entender uno que es enviado directamente por Jesucristo. Esta característica, de ser enviados directamente por Jesucristo, la cumplieron doce discípulos de Jesucristo, conforme a lo que dice Mateo 10:1-4 donde se lee: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó. A estos doce envió Jesús” Aquí tenemos a Jesucristo personalmente enviando a doce de sus discípulos. Estos doce son los apóstoles de Cristo. Jesucristo ciertamente tenía más de doce discípulos, pero de entre todos ellos escogió a doce para hacerlos sus apóstoles. Todos sabemos que uno de ellos, Judas Iscariote no fue fiel a su oficio como apóstol y entregó a Jesús para ser crucificado y después acabó suicidándose. En cambio Jesús, una vez muerto y sepultado, resucitó gloriosamente al tercer día. Esto fue atestiguado personalmente por los once apóstoles y por muchos otros discípulos. Días después, Jesús fue ascendido a la gloria de su Padre. Pero algo digno de considerar con mucha atención es lo que hicieron los once apóstoles una vez que retornaron desde el monte de los Olivos, donde Jesús fue tomado, hasta Jerusalén. De esto nos habla Hechos 1:20-22 dice: “Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio. Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.” Ante el fracaso de Judas Iscariote, los once apóstoles restantes consideran que es necesario escoger a uno que tome el lugar dejado por Judas Iscariote. Esto es muy concluyente para nuestro propósito. ¿Por qué no se quedaron sólo con once apóstoles? ¿Por qué no escogieron a dos o tres o más, para ser apóstoles? ¿No le parece que el número doce es entonces un número exclusivo en cuanto a la cantidad de apóstoles de Cristo. Esto es así. No pueden ser menos de doce ni más de doce. Años más tarde, Dios dio al Apóstol Juan la revelación acerca de Jesucristo, y en ella aparecen las características de la Nueva Jerusalén. Esta es una ciudad gloriosa que tiene un muro muy especial. Ponga atención a lo que dice Apocalipsis 21:14. “Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero” Allí lo tiene, los apóstoles del Cordero, o de Cristo, son doce, ni uno más, ni uno menos. Si hubiera más apóstoles que los doce, harían falta cimientos en el muro de la Nueva Jerusalén. El grupo de los doce apóstoles era exclusivo. Los que formaban parte de ese grupo cumplían con rigurosos requisitos. Número uno, tenían que haber estado con Jesús todo el tiempo entre el momento que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista hasta el momento que Jesús fue ascendido a su gloria con el Padre. Es decir que tenían que ser testigos oculares de todo lo que hizo Jesús durante su ministerio terrenal, tenían que ser testigos oculares de su muerte, resurrección y ascensión. Número dos, tenían que poseer las señales de apóstol, es decir la capacidad sobrenatural para hacer milagros. Hechos 5:12 dice: “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.” Muy bien, vistas así las cosas: ¿Quién puede hoy en día decir que ha estado personalmente con Jesús desde su bautismo hasta su ascensión, siendo testigo de su ministerio, pasión, muerte, resurrección y ascensión? ¿Quién puede decir que tiene poder sobrenatural para hacer todo tipo de señales y prodigios? Absolutamente nadie. Por eso, no existen hoy en día apóstoles de Cristo. El caso de Pablo, es capítulo aparte. Pablo vio personalmente a Cristo resucitado y Cristo resucitado le envió a ser su testigo entre los gentiles. En su defensa ante Agripa, Pablo dijo lo siguiente según Hechos 26:15-17 dice: “Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío.” Además Pablo manifestó todas las señales de apóstol. En defensa de su apostolado dijo lo siguiente, según 2 Corintios 12:12 “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.” Pablo entonces cumplió con los requisitos para ser apóstol. Se piensa inclusive que Pablo debe ser el apóstol numero doce, el reemplazo de Judas Iscariote. Sólo Dios sabe cómo manejar este asunto. Por último, es verdad que la palabra apóstol, ocasionalmente se aplica a personas que estaban íntimamente asociadas con los apóstoles, tal es el caso de Bernabé, en Hechos 14:14 y de Silas y Timoteo en 1 Tesalonicenses 2:6, pero siempre había un apóstol detrás de ellos, al punto que se hace difícil discernir si la palabra apóstol se aplica a alguien que no era de los doce. El oficio de apóstol de Cristo no se transmite de generación a generación, cuando murió el último apóstol, el apóstol Juan, se acabaron los apóstoles de Cristo, ya no hay más. Por supuesto que todo creyente tiene una comisión y es enviado a ser sal y luz en este mundo, a ser testigo de Cristo en este mundo. Los creyentes somos mensajeros del evangelio de Cristo, somos embajadores de Cristo, pero ningún creyente hoy en día puede jactarse de haber sido enviado personalmente por Cristo y de haber estado con Jesús durante su ministerio público hasta que fue ascendido a la gloria del Padre y de tener las credenciales de apóstol por medio del poder para hacer todo tipo de señales y prodigios. En conclusión, hoy en día no existen apóstoles de Cristo.

Esta carta nos ha enviado una amiga oyente de Quito, Ecuador. Dice así: Que Dios bendiga el ministerio de La Biblia Dice… Tengo curiosidad por la doctrina Adventista. Uno de ellos me abordó preguntándome cuál era el día de reposo para mí, a lo cual contesté que era el primer día de la semana, el domingo, pero él me dijo que no era así, sino que es el séptimo día de la semana, el sábado. Por favor acláreme este asunto.

Con mucho gusto. Guardar el séptimo día como día de reposo fue una práctica instituida por Dios para su pueblo Israel. Éxodo 20:8-11 dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” Este mandato no fue exclusivo para Israel, no para todo ser humano. Fue una señal del pacto de Dios con su pueblo Israel. Éxodo 31:16-17 dice: “Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y el séptimo día cesó y reposó.” Los gentiles no estaban obligados a cumplir este mandato de Jehová. Era un asunto entre Israel y Jehová. Además, el séptimo día como día de reposo, era un tipo, o cuadro, del reposo espiritual que da el Señor Jesucristo a todo aquel que le recibe como Salvador. Cuando Cristo vino como el Mesías de Israel y fue rechazado por la nación, Dios temporalmente puso a un lado a la nación de Israel y consecuentemente también quedó a un lado, temporalmente, esta señal del pacto entre Jehová y la nación de Israel, es decir, el guardar el séptimo día como día de reposo. Los creyentes entonces no tenemos que guardar ningún día como día de reposo. El Nuevo Testamento condena esto de guardar días especiales. Colosenses 2:16 dice: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo” El primer día de la semana no es día de reposo para los creyentes. Es simplemente un día para hacer memoria de la persona y obra de Jesucristo, un día para perseverar en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Hechos 20:7 dice: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la media noche.” El primer día de la semana es también el día señalado para recoger las ofrendas para el Señor. 1 Corintios 16:2 dice: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.” ¿Por qué se hacen estas cosas el primer día de la semana y no el séptimo día de la semana? Pues porque el Señor resucitó el primer día de la semana, el Señor ascendió a su gloria el primer día de la semana, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos el primer día de la semana, y los apóstoles tenían la costumbre de reunirse con los creyentes el primer día de la semana. ¿No es suficiente esto para que nosotros también tengamos nuestras reuniones el primer día de la semana?