Los expertos señalan que la tendencia a compartir en lugares abiertos y espacios ventilados podrían disminuir el riesgo de contagio, aunque señalan que el virus «se multiplica con calor y con frío, por lo tanto hay que seguir cuidándose».

A comienzos de abril, «invierno» era una palabra que causaba temor. Se teorizaba sobre la posibilidad de que aumentara la propagación del covid-19 y se temía que las infecciones respiratorias estacionales generaran una situación sanitaria todavía más compleja. En junio, la OMS aceptaba que se desconocía si el SARS-CoV-2 se tornaba más agresivo en invierno, pero le advertía a los europeos que el calor no alejaría al virus del continente. «Mucha gente diría que en verano el virus es menos transmisible porque la gente está más en el exterior, pero otros dirían que la gente tiende a buscar lugares cerrados con aire acondicionado por el calor», explicaba el director de Emergencias Sanitarias, Mike Ryan. Hoy esas palabras resuenan para el cono sur, donde las temperaturas comienzan a subir de forma rápida.

«Cuando apareció el coronavirus, mucha gente de países tropicales pensaba que el virus no iba a llegar porque no le gustaba lo caliente, pero ya sabemos que no es así», explica a Emol la académica de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile, María Soledad Martínez. «Ni el frío ni el calor le hace nada, así que hay que pensar que da lo mismo el tema del calor». A pesar de que las temperaturas no afectan al virus en sí mismo, sí inciden en las dinámicas de relacionamiento entre las personas. «En invierno hace frío y nos encerramos, y al mismo tiempo ventilamos mal. Eso tiene mayor riesgo. En ese sentido, es mucho mejor que estemos en verano que en invierno, porque en invierno tenemos mucha más probabilidad de estar en lugares mal ventilados. En verano, en cambio, la gente tiende a juntarse al aire libre», añade. Lo mismo señala la infectóloga de la UC, Cecilia Vizcaya. «El verano efectivamente cambia para bien algunas conductas nuestras, aunque hay otras que cambia para mal», dice. «Lo bueno que hacemos es que ventilamos mucho más y tendemos a estar más al aire libre. Incluso en tu casa puedes estar en la terraza, ir a parques. En ese sentido es positivo, porque podemos estar en lugares ventilados donde el riesgo de adquirir la infección, si no tocas a las otras personas y estás con tu mascarilla, es bajo».

Es similar a lo que puntualiza el médico internista del Hospital Sótero del Río, Juan Carlos Said. «El aumento de las temperaturas fomenta las actividades al aire libre, donde hay mayor distanciamiento social y menor transmisión del virus. Eso efectivamente nos puede ayudar, puede ser que, si no nos ha salvado un sistema de trazabilidad que funcione, quizás nos salve un poco el verano», dijo a radio Universo. Sin embargo advirtió: «La temperatura no mata el virus. Esa idea de que porque hay calor el virus desaparece es errada». Por eso, los tres médicos enfatizan en la importancia de mantener un estricto cumplimiento de las medidas de protección. «No hay que relajarse tanto: hay que seguir usando mascarilla, guardando distancia, no gritar ni hablar muy fuerte», señala Martíñez. «Este virus se multiplica con calor y con frío, por lo tanto hay que seguir cuidándose», añade Vizcaya. El otro riesgo, además del relajo de las medidas, está asociado a las formas utilizadas para capear el calor. «El problema es estar en lugares cerrados con aire acondicionado, que no necesariamente filtra el aire ni mata los virus, muchas veces solamente enfría el aire y lo recircula», dice Vizcaya. «Eso no significa que el virus se muera. El problema, en esta temporada, es que nos quedemos adentro, encerrados y con aire acondicionado. Tenemos más riesgos y puede haber una falsa sensación de seguridad», concluye.

Fuente : Emol