Gracias por su consulta. El evangelio según Juan relata que Caifás, sumo sacerdote, entregó a Jesús a Pilato, bajo la acusación de que Jesús era malhechor. Fue así como Pilato comenzó el interrogatorio a Jesús. La primera pregunta fue: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Jesús respondió a Pilato con una pregunta: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Esta respuesta de Jesús exasperó el frágil ánimo de este pusilánime oficial romano y con sarcasmo dijo a Jesús: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. Luego insistió en el interrogatorio a Jesús. Le dijo: ¿Qué has hecho? La respuesta de Jesús apuntaba a mostrar que su reino no es de este mundo, si su reino fuera de este mundo, sus siervos pelearían para que no sea entregado a los judíos. Confundido Pilato insistió en su pregunta: ¿Luego, eres tú rey? Sabiamente Jesús respondió a Pilato: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Haciendo muy obvio que Pilato no era de la verdad, respondió a Jesús: ¿Qué es la verdad? Luego hizo un paréntesis en su interrogatorio y salió del pretorio hacia donde estaban los judíos y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. Deseoso de liberar a Jesús, ofreció un trato a los judíos. Existía la costumbre de soltar un preso en la fiesta de la pascua. ¿Qué tal si el preso que dejaba libre era Jesús? La respuesta de los judíos fue un No rotundo. Prefirieron que Pilato suelte a un peligroso criminal que se llamaba Barrabás. Los judíos no permitían que Pilato suelte a Jesús. Ahora Pilato iba a tratar de apelar a la compasión de los judíos para dejar en libertad a Jesús. Así que, hizo azotar a Jesús sin misericordia, le hizo poner una corona de espinas sobre la cabeza, permitió que los soldados romanos se burlen de él vistiéndole con un manto de púrpura y le den de bofetadas. Jesús debe haber estado desfigurado por el brutal castigo. Quizá a rastras Jesús fue sacado a los judíos y Pilato dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Pilato esperaba que movidos a compasión los judíos pidan que suelte a Jesús. Pero los judíos, especialmente los principales sacerdotes y los alguaciles, gritaban sin parar a Pilato: Crucifícale, crucifícale. Pilato demostró su debilidad de carácter y dijo a los judíos. Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. Era la tercera vez que Pilato declaraba que Jesús era inocente, sin embargo no tenía pantalones para soltar a Jesús. Los judíos insistían en su pedido de crucifixión para Jesús diciendo: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. Esto produjo mucho temor en Pilato y haciendo entrar a Jesús al pretorio reinició el interrogatorio. ¿De dónde eres tú? Jesús simplemente ignoró la pregunta. Enojado Pilato dijo a Jesús: ¿A mí no me hablas? Luego, con un aire de jactancia añadió: ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Esta arrogancia de Pilato merecía una respuesta de Jesús. Aquí es donde entra el versículo que es materia de su consulta. Se encuentra en Juan 19:11 donde dice: “Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.” Lo que Jesús estaba diciendo con estas palabras es que aún lo peor que pueda pasar no escapa de la soberanía de Dios. Pilato pensaba que era él quien tenía la última palabra sobre lo que iba a pasar con Jesús, pero no hay tal. Quien en realidad tiene la última palabra es Dios, quien puso a Pilato en esa posición de autoridad, para que por medio de él se cumpla lo que Dios soberanamente había decidido de antemano que pasaría con Jesús. Jesús fue entregado a Pilato para ser crucificado, porque ese fue el tipo de muerte que Dios había decidido para Jesús. Recuerde que la crucifixión no era la manera de ejecución de los judíos sino de los romanos. Jesús debía morir crucificado, por eso era indispensable que un oficial romano maneje el asunto. Hablando de la muerte de Jesús por crucifixión, Juan dice lo siguiente en Juan 18:32 “para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir” Pero también, aunque Pilato era un mero títere en las soberanas manos de Dios, eso no significa que era inocente. Ante Dios era totalmente responsable de sus actos. Pilato cometió pecado al entregar a Jesús para ser crucificado, pero peor pecado cometió Caifás el sumo sacerdote al entregar a Jesús a Pilato. Así que, cuando Jesús dijo a Pilato: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba, estaba manifestando que todo lo que hacía Pilato y lo judíos estaba bajo soberano control de Dios. Después de todo, nada queda fuera de control de Dios, amable oyente. Dios es soberano.

Un amigo oyente de Chile se ha comunicado con nosotros a través de Internet para hacernos la siguiente consulta: ¿Cuál es la interpretación de Juan 10:34 y Salmo 82:6? ¿Somos en realidad pequeños dioses como parecería indicar estos textos?

Bueno, a manera de introducción, diremos que Jesús afirmó su deidad de una manera clara y contundente cuando dijo: “Yo y el Padre uno somos” Esta declaración de Jesús provocó una airada reacción de los judíos, quienes tomaron piedras para arrojarle, convencidos que Jesús estaba blasfemando. En su defensa, Jesús dijo a los judíos: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Los judíos respondieron a Jesús diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre te haces Dios. Note como los judíos entendieron con claridad la afirmación de Jesús de que es Dios. Entonces Jesús usó un argumento de las mismas Escrituras que amaban y respetaban los judíos, para apoyar su afirmación de que es Dios. El argumento se encuentra en Juan 10:34-38 donde leemos: “Jesús les respondió:¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.” Cuando Jesús citó las Escrituras, lo hizo del Salmo 82. Será conveniente examinar de qué se trata este Salmo. No es muy extenso, así que permítame leerlo. Dice así: “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos? Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; libradlo de la mano de los impíos. No saben, no entienden, andan en tinieblas; tiemblan todos los cimientos de la tierra. Voy dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis. Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tú heredarás todas las naciones.” Como notará, Dios está juzgando a los jueces injustos de Israel. Estos jueces son llamados dioses, “elohim” en hebreo, porque esta palabra simplemente significa personas poderosas o importantes, cuando se la aplica a los hombres. La mala conducta de estos jueces impíos, llamados dioses, les traerá, como consecuencia la muerte. Dios les dijo: Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis. De modo que cuando el Salmo 82 llama dioses a seres humanos, no está indicando que tienen esencia divina o que son pequeños dioses, sino que son poderosos o importantes. Ahora volvamos a la cita en Juan 10:34. Jesús usó el siguiente argumento para confirmar su deidad: Las mismas Escrituras llamó dioses a los hombres a quienes se entregó la Palabra de Dios, con cuánta mayor razón, yo estoy en lo correcto cuando digo que soy el Hijo de Dios, porque yo no sólo he recibido la palabra de Dios sino que yo soy la palabra que Dios santificó y envió al mundo. Los judíos lo entendieron muy bien y por eso otra vez procuraron prender a Jesús, pero él escapó de sus manos. En esencia entonces, la Biblia no declara que los humanos, aunque sean creyentes, sean pequeños dioses. Si fueran pequeños dioses, no morirían jamás y serían tan perfectos, puros y santos como Dios. Lo que sí declara la Biblia es los creyentes somos hijos de Dios, no porque tengamos esencia divina o seamos pequeños dioses, sino porque hemos sido adoptados como hijos adultos por parte de Dios. Algún momento llegaremos a ser semejantes al Hijo de Dios, pero eso será cuando recibamos nuestros cuerpos glorificados. Creer que un ser humano es un pequeño dios es dar crédito a la mentira de Satanás, porque fue Satanás quien ofreció al hombre ser como Dios una vez que coma el fruto del árbol que Dios dijo que no debía comer.