Se puede distinguir tres aspectos en su consulta. Lo que tiene que ver con el aborto provocado, lo que tiene que ver con el bebé abortado y lo que tiene que ver con los progenitores de un bebé que ha sido víctima de un aborto provocado.

En cuanto al aborto provocado, bíblicamente hablando se lo debe considerar como un asesinato, con el agravante que el asesino es su propia madre y en la mayoría de los casos, con la complicidad del padre. Este razonamiento parte del hecho que bíblicamente hablando, la vida como tal comienza el instante de la concepción, cuando un espermatozoide fecunda un óvulo. A partir de ese instante comienza el proceso de gestación, luego viene el nacimiento, esto es seguido por una etapa de crecimiento, en algún momento se produce la reproducción y el ciclo de la vida culmina con la muerte.

Que la vida comienza con la concepción queda claro en algunos pasajes bíblicos, de entre los cuales permítame citar Salmo 139:16. En este versículo, David habla de su propia existencia, y note lo que dice: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas” En su estado embrionario, David no se consideraba a sí mismo como un simple montón de tejidos carente de personalidad. David habla de que su embrión vieron los ojos de Dios.

Considerando que la vida humana comienza el momento de la concepción, entonces atentar contra ella es lo mismo que el asesinato y eso es contrario a la voluntad de Dios. El sexto mandamiento del decálogo dice: No matarás.

Cuando se mira aunque sea superficialmente las maneras de realizar un aborto provocado, es imposible dejar de pensar que en realidad se trata de un asesinato. Ponga atención a como se lo efectúa. En el método de dilatación y legrado, practicado temprano en el embarazo, el cirujano corta el feto y la placenta en pedazos y se los retira del vientre. En el método de succión, el cirujano saca el feto del vientre de la madre por medio de un tubo de succión, matando al bebé. En el método salino, aplicado cuando ya han transcurrido algunas semanas de embarazo, el cirujano inyecta una solución salina a través del abdomen de la madre, envenenando al bebé en aproximadamente una hora. Después de 24 horas la madre da a luz un bebé muerto. En el aborto químico, una técnica algo moderna, se da a la madre un compuesto químico que ocasiona que la madre aborte un óvulo recién fertilizado. En el aborto de parto parcial, el cirujano provoca un parto prematuro para terminar con el embarazo y acabar con la vida del bebé. Desde cualquier punto de vista que se lo mire, el aborto provocado es asesinato en su máxima expresión.

Ahora ocupémonos en el alma y el espíritu del bebé que ha sido asesinado mediante un aborto provocado. La Biblia es clara al manifestar que todo ser humano, aún antes de nacer es ya un pecador a los ojos de Dios. De ninguna manera es inocente. El testimonio de David en Salmo 51:5 es el siguiente: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” El ser humano nace pecador, no se hace pecador cuando comete el primer pecado. Antes de nacer un bebé ya es pecador aunque no tenga conciencia de esto.

Por otro lado, Dios es justo. Salmo 119:137 dice: “Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus caminos” Por este motivo, Dios jamás condenará a una persona que todavía no tiene conciencia de su pecado. Por tanto, los bebés que han muerto asesinados como consecuencia de un aborto provocado, y en general todo ser humano que muere sin tener conciencia de su pecado, es salvo, porque la sangre que Cristo derramó en la cruz del calvario es suficiente para otorgar perdón de pecado tanto a los que tienen conciencia de pecado como a los que no tienen conciencia de pecado. Hablando del sacrificio de Cristo, 1 Juan 2:2 dice: “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” Esto no significa que todo el mundo es automáticamente salvo por el solo hecho que Cristo murió por todo pecador. Cuando un infante alcanza la edad en que toma conciencia de su estado espiritual, necesita recibir por la fe a Cristo para ser salvo, pero como es natural, esto no se puede esperar de los que mueren antes de nacer o en la infancia. Para ellos el solo acto de justicia de Cristo, es decir su muerte expiatoria en la cruz, les concede la libre dádiva de justificación para vida. De modo que un bebé que muere como víctima de un aborto provocado es salvo y está en el cielo con Dios.

Por último, lo relativo a la madre que decide por un aborto provocado, con la anuencia del padre, en la mayoría de los casos. ¿Qué pasa con ellos?

Lo que normalmente pasa con ellos, cuando adquieren plena conciencia de lo que han hecho, es un terrible sentimiento de culpa, que puede echar a perder todo el bienestar futuro de los dos, y si no se trata adecuadamente el problema puede derivar en todo tipo de inconvenientes espirituales, emocionales y físicos.

Si los dos todavía no han recibido a Cristo como Salvador, deberían hacerlo lo antes posible. Explicar el evangelio aplicando a este pecado. Buscar consejo de pastores.

Si los dos ya son creyentes y a pesar de eso han cometido este terrible pecado deben seguir los pasos de Proverbios 28:13. Deben también buscar consejo pastoral.