DL Gracias por su consulta. Cuando la Biblia habla del pecado de muerte y del pecado que no sea de muerte, lo hace en el contexto de la necesidad de orar conforme a la voluntad de Dios. Ponga atención a lo que dice 1 Juan 5:14-17 “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte.” Los creyentes deben tener absoluta certeza de que Dios oye y contesta la oración, siempre y cuando esta oración sea hecha conforme a su voluntad. Orar conforme a la voluntad de Dios significa orar de acuerdo con lo que a Dios le gustaría, no de acuerdo con lo que a nosotros nos gustaría o de acuerdo a lo que nosotros quisiéramos que Dios haga a nuestro favor. Para que Dios responda las oraciones es también necesario que obedezcamos sus mandamientos y evitemos el pecado. Salmo 66:18 dice: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.” Por el hecho que un genuino creyente conoce la palabra de Dios y hace las cosas que a Dios le agradan, no procurará imponer su voluntad sobre la voluntad de Dios, sino que buscará siempre orar según los deseos o la voluntad de Dios. Es en esta coyuntura que a manera de ilustración Juan introduce el asunto del pecado que no sea de muerte y del pecado de muerte. La frase que se ha traducido como “pecado que no sea de muerte” en la versión Reina Valera, es la frase “jamartían mé prós thánaton” la cual también pudo haber sido traducida como “pecado que no lleva, o no conduce a la muerte”. De igual manera, la frase que se ha traducido como “pecado de muerte” en la versión Reina Valera, la frase jamartía prós thánaton”, se pudo haber traducido como “pecado que lleva o conduce a la muerte” Al hablar de pecado de muerte, estamos refiriéndonos por tanto a determinado pecado, el cual no se especifica, que hace, o lleva, o conduce a que el creyente que lo comete tenga que morir físicamente. No todo pecado que comete el creyente tiene este desenlace fatal, por eso Juan tiene toda la razón al afirmar que toda injusticia es pecado, pero hay pecado no de muerte. El pecado no de muerte, tiene que ver entonces con un pecado que comete el creyente que no hace o lleva, o conduce a que muera físicamente el creyente que lo comete. También en este caso, no se especifica cuál es el pecado que no lleva a la muerte. Así que, el pecado de muerte, o el pecado que lleva o conduce a la muerte puede ser cualquier pecado premeditado y no confesado que comete un genuino creyente, por el cual Dios determina la muerte física de ese creyente como una medida de disciplina. No se trata de un pecado en particular como la homosexualidad o la mentira, etc., sino cualquier pecado que, por decirlo así, es la última gota que hace derramar el agua del vaso, en el criterio de Dios. Sólo Dios sabe qué pecado para cada creyente en particular y en qué momento se ha llegado a colmar su medida. Es ampliamente conocido, que la falla en confesar un pecado y apartarse de él por parte de un genuino creyente, perfectamente puede acarrear la muerte física como castigo de parte de Dios. Eso fue lo que aconteció con Ananías y Safira, según el relato que aparece en Hechos 5:1-11 donde dice: “Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendiste en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.” Este es justamente un pecado que lleva a la muerte. Para Ananías y Safira fue la mentira cuando trataron de engañar a los apóstoles fingiendo que estaban entregando todo el monto de lo que recibieron al vender su propiedad, cuando a sabiendas, estaban entregando sólo una parte. Ninguna oración intercesora será efectiva en aquellos creyentes que han cometido ese pecado que colmó la medida de Dios. La disciplina de Dios con la muerte física en este caso es inevitable, por cuanto Dios busca preservar la santidad en su iglesia. Esto es lo que la Biblia enseña acerca del pecado de muerte y el pecado que no sea de muerte.

DA La segunda consulta para el programa de hoy nos llega por medio del correo electrónico desde Lima, Perú. Dice así: Quisiera que me expliquen acerca de una aparente contradicción en la Biblia. En Romanos 8:1 dice que no hay ninguna condenación para los que estamos en Cristo, pero en Santiago 3:1 dice que los creyentes podemos ser condenados.

DL Vamos a dar lectura al texto bíblico que se encuentra en Romanos 8:1 que dice: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” Este texto habla del resultado o la consecuencia de haber sido justificados por la fe, o declarados justos por la fe, al haber recibido por la fe a Cristo como Salvador. Cuanto este versículo habla acerca de “ninguna condenación” está utilizando una frase que aparece solamente tres veces en todo el Nuevo Testamento, y siempre en el libro de Romanos. La tenemos en Romanos 5:16, en Romanos 5:18 y aquí, en Romanos 8:1. La palabra condenación se usa exclusivamente en el campo judicial como lo opuesto a justificación, o el ser judicialmente declarado justo. Condenación se refiere al veredicto de culpabilidad y al castigo que demanda ese veredicto. Ninguna condenación, significa entonces de que la persona que ha confiado en Cristo como su Salvador no puede jamás ser declarada legalmente culpable y ser castigada en el infierno por el pecado cometido. Ningún pecado que el creyente cometa, bien sea pasado, o presente, o futuro con respecto al momento cuando recibe a Cristo como Salvador, puede hacer que ese creyente sea declarado culpable por Dios y por tanto acreedor al castigo correspondiente. Esto es posible por cuanto Cristo recibió el castigo que el pecador merece y la justicia de Cristo fue imputada sobre el creyente. No hay pecado que el creyente pueda cometer que cambie esta decisión judicial dictaminada directamente por Dios. Por eso es que encontramos textos como Romanos 8:33 donde dice: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” Dicho esto, consideremos ahora el texto en Santiago 3:1 donde dice: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.” Esta es una fuerte advertencia en contra de los que sin ser maestros se dan de maestros y enseñan cosas equivocadas arrastrando a otros en ese error. También es una fuerte advertencia en contra de los que siendo maestros, sin embargo están enseñando cosas equivocadas y arrastrando a otros en ese error. La consecuencia de pasar por alto esta severa advertencia es recibir mayor condenación. Cuando este texto habla de condenación, está usando una palabra diferente a la que se usó en Romanos 8.1. Esta palabra significa un juicio futuro. Otras versiones de la Biblia recogen esta diferencia y traducen este texto de la siguiente manera: Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad. Este juzgamiento no es para determinar si el maestro merece o no ser castigado en el infierno. Recuerde que Dios ya ha dicho: Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Este juzgamiento contempla el juicio de la gente al ver a un maestro enseñando el error y también contempla la pérdida de recompensa en el tribunal de Cristo. 1 Corintios 4:3-5 dice: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.”