Muchas gracias por su consulta. Existen varios sistemas de interpretación bíblica, pero el único que garantiza la cabal comprensión de lo que estuvo en la mente de los autores de los libros de la Biblia, es aquel que se conoce como gramático, histórico y literal. Permítame hacer una breve explicación de este sistema de interpretación. Es gramático porque pone especial atención a la estructura gramatical del texto. Es decir, en el caso de los sustantivos, se debe examinar su género, su número, su caso. En el caso de los verbos, se debe examinar su tiempo, su modo y su voz. Se debe observar la manera como aparecen los artículos, las preposiciones, los adverbios, los adjetivos, los conectivos y en general cualquier otra información al respecto. El método recomendado de interpretación bíblica, además de ser gramático, es histórico, porque toma en cuenta el contexto histórico en el que vivían los diferentes autores de los libros de la Biblia. Se toma en cuenta la situación política, social, económica, moral, espiritual, etc. Se da atención a los lugares donde acontecieron los eventos. Finalmente el método de interpretación es literal. Esto de literal tiene que ver con que el significado de cada palabra es el que tenía en la comunicación normal de su época. En determinados casos, algunas palabras pueden tener más de un significado. En casos así, es necesario analizar el contexto anterior y posterior al texto en cuestión, para determinar el significado correcto de determinada palabra que tiene más de un significado. La interpretación literal también debe tomar en cuenta las diferentes figuras retóricas como la metáfora, la sinécdoque, la metonimia, la prosopopeya, la ironía, la hipérbole, la alegoría, la fábula, el enigma, el tipo, el símbolo, la parábola, el símil, la interrogación, el apóstrofe, y la antítesis. Se puede ver entonces, que el uso de símbolos de ninguna manera atenta contra la interpretación literal de la Biblia. Con todo esto en mente, veamos lo que dice el texto que usted ha citado como ejemplo. Se encuentra en Apocalipsis 19:11-12 donde dice: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas, y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo” En el libro de Apocalipsis se encuentra una gran cantidad de simbología. El autor Ramm, siguiendo un patrón generalmente aceptado dice que puede haber seis clases de símbolos que son proféticos en su carácter. Uno, personas, dos, instituciones, tres, oficios, cuatro eventos, cinco, acciones y seis, cosas. Bahr, da las siguientes reglas para guiarnos en la interpretación de tales símbolos. Primero, el significado de un símbolo debe determinarse primero que todo por un conocimiento preciso de su naturaleza. Segundo, los símbolos del culto mosaico pueden tener, por lo general, solo aquel significado que concuerda con las ideas y verdades religiosas del mosaísmo, y con sus principios claramente expresados y reconocidos. Tercero, debe en primer lugar, buscarse el significado de cada símbolo, por separado, según su nombre. Cuarto, cada símbolo individual tiene, por lo general, sólo un significado. Quinto, por diferente que sea la conexión en la cual pueda ocurrir, cada símbolo individual tiene siempre el mismo significado fundamental. Sexto, en cada símbolo, bien sea objeto o acción, la idea principal que simboliza debe distinguirse cuidadosamente de aquella que necesariamente sólo sirve para la apropiada exposición, y tiene, por lo tanto, un propósito secundario. Otro autor, Feinberg, dice lo siguiente sobre la simbología. Algunas profecías son comunicadas por medio de un lenguaje simbólico. Pero cuando éste ha sido el caso, los símbolos son explicados en el contexto inmediato, en el libro en que ocurren, o en cualquier otra parte de la Palabra, no dejando lugar alguno a la imaginación del hombre para inventar explicaciones. Todo esto se debe tomar en cuenta para interpretar pasajes bíblicos como el citado por usted. Siendo así, en Apocalipsis 19:11-12 tenemos una parte de lo que sucederá cuando el Señor Jesucristo venga por segunda vez a la tierra. El cielo se abre y allí se distingue un caballo blanco, y su jinete se llama Fiel y Verdadero. Todo esto sucederá literalmente, pero no olvide la simbología detrás de los detalles. La figura del caballo blanco y su jinete, nos habla de un conquistador victorioso. En su segunda venida, Cristo no vendrá manso y humilde como en su primera venida. El símbolo nos habla de un poderoso y victorioso conquistador. El nombre de este poderoso y victorioso conquistador es Fiel y Verdadero. Entonces no es otro sino Cristo. Una de sus muchas características es que juzga y pelea con justicia. Los ojos de nuestro Señor son como llama de fuego. El uso de la palabra “como” nos indica que se trata de un símil. Un símil es una figura retórica que consiste en comparar expresamente una cosa con otra, para dar idea viva y eficaz de una de ellas. Esto nos habla de la inquisitiva mirada de Cristo. Nada escapa de su penetrante mirada. Las diademas en su cabeza simbolizan el poder y la autoridad para gobernar este mundo. El nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo, nos habla de la inefable majestad que está lejos de ser totalmente comprendida por el ser humano. Así que, amable oyente, el reconocer el uso de los símbolos en algunos textos proféticos, como el Apocalipsis no anula la realidad de los acontecimientos relatados. El uso de símbolos amplía grandemente la comprensión del significado de esos acontecimientos. Muchos de esos eventos todavía no han tenido lugar, como la segunda venida de Cristo, por ejemplo, y por tanto debemos esperarlos con paciencia.

Por medio de Internet se ha comunicado con nosotros un amable oyente para hacer la siguiente consulta: Quisiera preguntar sobre los ángeles. ¿Será verídico lo que he oído en cuanto a que los ángeles determinan lo que será nuestra vida en este mundo? Dicen que cuando nacemos se produce una lucha entre el bien y el mal disputándose la persona que acaba de nacer. Supuestamente el ganador hará que el recién nacido sea bueno o malo en su vida sobre este mundo. Esto es lo que determina si uno va a ser bueno o malo en la vida. ¿Será así?

No amable oyente. No es así en absoluto. La Biblia nos muestra como es. En primer lugar, aún antes de nacer, el ser humano ya es pecador y por tanto enemigo de Dios. Note lo que dijo David en cuanto a esto, según Salmo 51:5 “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” Esto no significa que los actos de concebir o dar a luz sean pecaminosos, sino que desde el momento mismo de la concepción, la persona posee una naturaleza pecaminosa. Es decir que el hombre es malo desde que nace, no se hace malo después de cometer la primera maldad. Bien se ha dicho por tanto que el hombre peca porque es pecador, no es pecador porque peca. ¿Ve usted? Esta es la triste realidad de todo ser humano sobre la faz de la tierra. Es un pecador por nacimiento y por voluntad propia. Nadie puede escapar de esta realidad. Pablo se hace eco de esta trágica condición y dice lo siguiente en Romanos 3:10 donde dice: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno” Así que, saque de su mente la idea que al nacer el hombre es inocente y después los ángeles le convierten en bueno o malo. En realidad, al nacer el hombre ya es malo, y a no ser que Dios le dé una nueva naturaleza, mientras va creciendo hará lo que es malo. En segundo lugar, mientras el hombre tiene vida, Dios le da la oportunidad de reconocer su maldad y recibir el perdón de sus pecados para ser salvo y por ende, para hacer buenas obras. Juan 3:36 dice: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida sino que la ira de Dios está sobre él.” De modo que, por decirlo así, el hombre nace malo, pero Dios le da la oportunidad de hacerse bueno, por medio de darle una nueva vida en Cristo, al recibir a Cristo como Salvador y ser perdonado de sus pecados. Note lo que dice 2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” Mientras el hombre vive, hay esperanza para que sea salvo. Si el hombre muere sin haber recibido el perdón de sus pecados, lo único que le queda es recibir el justo castigo de Dios por ser pecador. Tercero, la Biblia jamás habla de que los ángeles buenos luchen contra los ángeles malos, disputándose el alma de una persona recién nacida para que esa persona se haga buena o mala. El papel de los ángeles, entre muchas cosas, es servir a Dios por medio de servir a los que somos de Dios. Note lo que dice Hebreos 1:14 hablando de los ángeles “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? Por último, en cuarto lugar, si alguien se condena en el infierno, no será por culpa de su ángel bueno que fue vencido por un ángel malo, sino porque él mismo, teniendo la oportunidad de recibir el perdón de sus pecados, sin embargo ha rehusado hacerlo. En el infierno no hay nadie que no merezca estar allí. En definitiva, amable oyente, no preste oído a tantas fábulas que en el fondo tratan de confundir al pecador en cuanto a su propia responsabilidad por el pecado y las consecuencias de ello.