Con mucho gusto amable oyente. Este capítulo tiene que ver con lo que se celebraba en el Día de Expiación, lo cual se llevaba a cabo una vez por año para cubrir los pecados de la nación, tanto corporativamente como individualmente. Lo que pasaba es que a pesar del meticuloso cumplimiento de la ley de Moisés en cuanto a los sacrificios por el pecado, aún así, quedaban ofensas y pecados que no habían sido reconocidos y por tanto no habían sido cubiertos o expiados con la sangre de una víctima inocente. Los sacrificios que se llevaban a cabo en el día de expiación tenían el propósito de expiar o cubrir este tipo de pecados. Levítico 16:33 dice: “Y hará expiación por el santuario santo; y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación” Esta celebración se llevaba a cabo a los diez días del mes séptimo, en el mes de Tisrí, es decir entre la segunda parte de Septiembre y la primera parte de Octubre en nuestra manera de contabilizar los meses. Era necesario ayunar desde la tarde del noveno día hasta la tarde del décimo día de dicho mes. Todo este ceremonial era un cuadro vivo de que en lo futuro vendría un sumo sacerdote perfecto para ofrecer un sacrificio perfecto. Este perfecto sumo sacerdote y perfecto sacrificio es Jesucristo, por supuesto. Los sacerdotes entraban cada día a quemar incienso en el altar de oro que estaba en el lugar santo, fuera del velo que dividía el lugar santo del lugar santísimo, donde también se encontraba el candelabro y la mesa de los panes de la proposición. Pero ninguno de los sacerdotes, excepto el sumo sacerdote podía atravesar el velo y entrar en el lugar santísimo. En el lugar santísimo estaba el arca del testimonio. Este arreglo fue diseñado para inspirar reverencia hacia Dios en un tiempo en el cual su presencia se manifestaba por medio de símbolos. La ceremonia en el día de expiación consistía básicamente en lo siguiente: Primero, el sumo sacerdote se purificaba ceremonialmente en la fuente de bronce en el patio exterior y luego se ataviaba con su ropaje ceremonial en el tabernáculo. Levítico 16:4 dice: “Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua.” Segundo, el sumo sacerdote ofrecía un becerro como expiación de sí mismo y de su familia. Levítico 16:3 dice: “Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto.” Levítico 16:11 dice: “Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará reconciliación por sí, y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo.” Tercero, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo con la sangre del becerro, incienso y brasas de fuego tomadas del altar del holocausto. Levítico 16:12-13 dice: “Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera.” Cuarto, el sumo sacerdote rociaba el propiciatorio por siete veces con la sangre del becerro. Levítico 16:14 dice: “Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre.” Quinto, el sumo sacerdote volvía al patio exterior y echaba suertes sobre dos machos cabríos para expiación. Levítico 16:7-8 dice: “Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos, una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel.” Sexto, el sumo sacerdote ofrecía en expiación el macho cabrío sobre el cual cayó la suerte. Levítico 16:5 dice: “Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.” Levítico 16:9 dice: “Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. “ Levítico 16:15 en su primera parte dice: “Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo” Séptimo, el sumo sacerdote entraba nuevamente al lugar santísimo para rociar el propiciatorio y también el lugar santo, con la sangre del macho cabrío que fue sacrificado en expiación. Levítico 16:15 en su segunda parte, hasta el 17 dice: “y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas. Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel.” Octavo, el sumo sacerdote volvía al altar del holocausto y lo purificaba con la sangre del becerro y del macho cabrío. Levítico 16:18-19 dice: “Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar alrededor. Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.” Noveno, el sumo sacerdote ordenaba que se le traiga el macho cabrío vivo, ponía sus manos sobre él y lo enviaba al desierto por un hombre destinado para esto. Levítico 16:20-22 dice: “Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo; y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará desierto por mano de un hombre destinado para esto.” Décimo, se purificaba la persona que había llevado el macho cabrío al desierto. Levítico 16:26 dice: “El que hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento.” Undécimo, el sumo sacerdote se quitaba el ropaje especial para el día de expiación, se lavaba ceremonialmente y se ponía su ropaje acostumbrado de sumo sacerdote. Levítico 16:23-24 dice: “Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se quitará las vestiduras de lino que había vestido para entrar en el santuario, y las pondrá allí. Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario” Duodécimo, el sumo sacerdote ofrecía dos carneros como holocausto por sí mismo y por el pueblo. Levítico 16:24 en su segunda parte dice: “y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo y hará la expiación por sí y por el pueblo.” Decimotercero, se quemaba en el altar la grosura de los holocaustos. Levítico 16:25 dice: “Y quemará en el altar la grosura del sacrificio por el pecado.” Decimocuarto, se sacaba del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado y se quemaba su piel, su carne y su estiércol. Levítico 16:27 dice: “Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol.” Decimoquinto, quien quemaba el becerro y el macho cabrío inmolados se purificaba en agua y entraba al campamento. Levítico 16:28 dice: “El que los quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento.” Esto es en esencia lo que tenemos en Levítico 16. Luego de estas instrucciones, en lo que resta del pasaje, se deja este ritual para la posteridad. Levítico 16:29-24 dice: “Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; en estatuto perpetuo. Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdotes en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas. Y hará expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.” De esta manera se trataba el pecado antes de la venida de Cristo. Pero cuando vino Cristo en la persona de Jesús y fue crucificado, se ofreció el sacrificio perfecto que hace inútil todo el ritual que se llevaba a cabo el día de expiación. Hebreos 9:11-12 dice: “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”