Por muchos años, nuestro amigo oyente se ha congregado en determinada iglesia local, pero a raíz de la muerte del pastor, se han implementado varios cambios en el liderazgo de esa iglesia local, algunos de los cuales son contrarios a las claras enseñanzas del Nuevo Testamento en cuanto a como debe estar constituido el liderazgo en la iglesia local. Este amable oyente ha hecho todo lo que está a su alcance para propiciar las rectificaciones del caso, pero todo intento ha fracasado y más bien ha servido para que el pastor actual le acuse de estar buscando preeminencia en la iglesia local. Ante esto, el amigo que nos escribe, ha optado por una salida silenciosa y en la actualidad está sirviendo al Señor en otra iglesia local. Sin embargo, tiene una inquietud. Dice que desde que salió, ninguno de los líderes se ha comunicado con él para hablar acerca de su salida. Esto le ha traído mucho dolor y nos pregunta si así es como se debe tratar a un creyente que sale de una iglesia local para congregarse en otra.

Gracias por su consulta. Siempre será motivo de dolor saber que una iglesia local pisotea los principios del Nuevo Testamento, en cualquier aspecto de su estructura, como en el liderazgo, en el caso de la iglesia local de la cual usted ha salido. El dolor se hace más agudo cuando la iglesia local en cuestión es la iglesia local que nos ha cobijado por tantos años. Me parece que usted ha hecho lo correcto al hacer notar a los líderes lo que no se ajusta a los principios del Nuevo Testamento en cuanto al liderazgo de la iglesia local. Me imagino que lo habrá hecho con la madurez del caso y bajo la guía del Espíritu Santo. Desgraciadamente su intento por arreglar la situación ha sido mal interpretado en el sentido que usted estaba tratando de ejercer dominio sobre la iglesia local. Algo así es como un filo puñal que se clava en la espalda, porque se está tergiversando las buenas motivaciones. Amable oyente, consuélese en el hecho que Dios conoce su corazón y él sabe lo que allí había. El hombre no puede saber lo que hay en el corazón de otros hombres y muchas veces, juzga mal, a propósito, con el fin de lastimar, como ha sido en su caso. Tal vez donde pudo haber algo de falla en su parte, es en comunicar claramente su decisión de salir de la iglesia y solicitar al liderazgo una carta de transferencia o carta de recomendación o como quiera que se lo llame, con la finalidad de que la iglesia local que le reciba tenga por escrito alguna constancia de su trayectoria en la iglesia local de la cual está saliendo. Esto es lo que se estila cuando se sale de una iglesia local para congregarse en una diferente. Ahora, en cuanto a su presente inquietud de por qué los líderes de la iglesia de donde salió no se han comunicado con usted para hablar sobre el motivo de su salida, me temo mucho, que bien puede ser porque están contentos con que usted se haya ido y tal vez no quieren abrir una puerta para que usted retorne. Sé que lo que estoy diciendo no le servirá de mucho consuelo, pero hay que ser realistas. Cuando la carne toma control de la vida de un creyente, como parece ser el caso de los líderes de esa iglesia local, ese creyente es capaz de decir o hacer lo que menos uno pensaría. A lo mejor para ellos, el hecho que usted no está asistiendo a esa iglesia, lo toman como haberse quitado una piedra del zapato. No olvide que su salida de la iglesia local no fue en los mejores términos que digamos, no necesariamente por su culpa. Ante esto, lo aconsejable sería que usted ponga todo esto en la mano del Señor, para que sea el Señor quien juzgue. 1 Corintios 4:5 dice: “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.” Por otro lado cuide mucho su corazón, para no permitir que se anide cualquier actitud negativa hacia los líderes de la iglesia de donde ha salido, me refiero a ira, rencor, amargura, sed de venganza, etc. El mejor antídoto para contrarrestar cualquier actitud como las mencionadas es el perdón. El perdón genuino y bíblicamente manejado lava todo resentimiento, toda amargura, todo rencor, todo odio, toda sed de venganza. Usted ha sido lastimado grandemente por lo que ha pasado y por lo que está pasando, pero no permita que estas heridas permanezcan abiertas, ciérrelas con ese medicamento tan efectivo llamado perdón. Efesios 4:32 dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” De modo que, amable oyente, revestido con esta actitud de perdón hacia quienes no le han tratado conforme al amor cristiano, esfuércese por servir al Señor con todo su empeño allí en la nueva iglesia local donde está en la actualidad. Ya no pierda su tiempo, su energía y hasta su santidad lamentándose por el mal trato recibido. Es hora de voltear la página y comenzar con nuevos bríos.

Por medio de nuestro sitio en Internet se ha comunicado un amigo oyente para hacernos esta consulta: Si una persona de la denominación Testigo de Jehová o Mormón golpea mi la puerta de mi casa, ¿debo predicarle el evangelio? Esta pregunta tiene relación con lo que dice 2 Juan 10.

Gracias por su consulta. Antes de responder su consulta, permítame señalar que ni los Testigos de Jehová, ni los Mormones, deben ser considerados como una denominación evangélica. El hecho que tanto los Testigos de Jehová como los Mormones y otros grupos afines, usan la Biblia sólo como un pretexto para justificar sus falsas doctrinas, les pone totalmente aparte de los evangélicos. Así que, amable oyente, jamás llame a los Testigos de Jehová o a los Mormones, una denominación evangélica. Las denominaciones evangélicas se ofenderán mucho si lo hace. Muy bien. Vayamos ahora a lo que dice 2 Juan 10. Para tomar en cuenta el contexto, leamos los versículos 9 a 11 de 2 Juan. Dice así: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, éste sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis ¡Bienvenido! Porque el que le dice ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.” El apóstol Juan es maravillosamente claro y enfático al hacer de la doctrina de Cristo el elemento crucial que divide a un verdadero maestro de un falso maestro. La doctrina de Cristo tiene que ver con su pre existencia divina, con su venida a este mundo en forma humana, sin dejar de ser totalmente Dios y totalmente hombre, con su muerte en la cruz en lugar del pecador, con su resurrección corporal, con su ascensión a la gloria de su Padre y con su inminente retorno a la tierra para llevar junto a él a sus redimidos. Observe como lo pone Juan en 2 Juan 7 donde dice: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es engañador y el anticristo.” Examinando las falsas doctrinas de los Testigos de Jehová y los Mormones, es inevitable llegar a la conclusión que no tienen la doctrina de Cristo. Los Testigos de Jehová, por ejemplo, no reconocen la preexistencia de Cristo porque niegan que es Dios. Para ellos, Cristo es nada más que un mero ser creado por Dios. Los Testigos de Jehová niegan que Cristo resucitó corporalmente, para ellos, Cristo resucitado no es sino un glorioso espíritu, privado de cuerpo físico, con capacidad de materializarse en algunas ocasiones. Terrible lo que creen. En cuanto a los Mormones es peor todavía. Los Mormones niegan la deidad de Cristo al enseñar que Cristo fue creado de la misma manera que son creados todos los hombres. Niegan el nacimiento virginal de Cristo al enseñar que fue concebido cuando Adán tuvo relaciones sexuales con María. También enseñan que Cristo fue polígamo y que entre sus varias esposan se contaban Marta y María, las hermanas de Lázaro y también María Magdalena. La conclusión es que ni los Testigos de Jehová, ni los Mormones perseveran en la doctrina de Cristo. ¿Cómo tratar a personas así? Juan dice: Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis ¡Bienvenido! Poniéndolo en otras palabras, Juan diría: Si un Testigo de Jehová, o un Mormón tocan la puerta de su casa, haga dos cosas. Primero, no le abra la puerta. No lo recibáis en casa, dice. Segundo, no le diga ¡Bienvenido! La palabra: Bienvenido, era el saludo en la época que se escribió el Nuevo Testamento. Lo que Juan está diciendo es que no se preste para tener comunión con un falso maestro. Esto no significa que jamás se debe hablar con un Testigo de Jehová o un Mormón. Al igual que todo pecador, ellos también necesitan del perdón de Dios en Cristo. Es necesario por tanto comunicarles la verdad del evangelio, de una forma sabia para no caer en una discusión con ellos o peor todavía intimar con ellos. Algo que ha dado algún resultado a muchos creyentes, es tener siempre a la mano tratados evangelísticos que expresen claramente el plan de Dios para salvar al hombre. Cuando un Testigo de Jehová o un Mormón toque la puerta de su casa, y luego de confirmar que se trata de uno de ellos, simplemente diga algo como esto: Gracias a Dios yo ya soy uno de sus hijos porque he recibido a Cristo como mi Salvador personal. Aquí en este tratado, encontrará la manera cómo usted también puede ser perdonado de sus pecados y tener vida eterna. Muchas gracias. Hasta luego. Allí terminará todo contacto. De esta manera se habrá compartido el evangelio sin sacrificar la enseñanza de Juan en su segunda carta.

La tercera consulta para el programa de hoy también nos ha sido hecha por medio de nuestro sito web. Dice así: ¿Es correcto levantar fondos para la iglesia mediante las populares rifas, subastas, bazares, etc.?

A través del Nuevo Testamento, explícita o implícitamente se nos enseña que los fondos de la iglesia vienen de lo que los creyentes entregan con generosidad al Señor en calidad de ofrendas. La ofrenda cristiana es un acto de adoración y por consiguiente queda limitada a los que han sido redimidos por la sangre preciosa de Cristo. 2 Corintios 9:7 dice: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” Hablando a los creyentes de Corinto, el apóstol Pablo dice: Cada uno dé. Esto significa que es privilegio de cada uno de los creyentes el dar para la obra del Señor. Si se tomara más en serio este privilegio del creyente, no habría iglesia local que sufra necesidad. Lamentablemente no es así por la negligencia de los creyentes al ofrendar a Dios lo que sobra, pensando que hacemos un favor a Dios cuando entregamos una ofrenda a la iglesia. Como resultado, la iglesia tacaña, no recibirá la bendición que podría recibir de Dios si fuera generosa y lo que es peor, la iglesia tacaña tratará de buscar maneras no bíblicas para levantar fondos para la iglesia. Dentro de estas maneras no bíblicas de levantar fondos para la iglesia caen todas las actividades mencionadas por usted, como la popular rifa, que no es otra cosa sino el culto a la diosa fortuna para que favorezca con la suerte a sus devotos, o la subasta que tal vez esté bien para que el mundo comercialice sus productos o los bazares que la gente del mundo es experta en llevarlos a cabo. No amable oyente, Dios ha establecido una manera diferente para sostener económicamente su obra. La manera de Dios es la generosa ofrenda de cada uno de los creyentes.